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La morfología externa de un pez se caracteriza
por sus extremidades transformadas en aletas y su piel
recubierta de escamas o dentículos dérmicos. La piel
está recubierta de células pigmentarias que le permiten
una increible y maravillosa gama de colores. Los sentidos
del gusto, el olfato, los organos luminiscentes o incluso
eléctricos, también suelen tenerlos en la piel.
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Estos vertebrados acuáticos presentan una forma
hidrodinámica que se debe a la estructura fusiforme
de su sistema óseo. El cráneo formado por los huesos
frontal, occipital, los maxilares, y el palatino; y el
entramado de su sistema vertebral le dan la suficiente
solidez y flexibilidad para desarrollar una perfecta natación
en el medio acuático.
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La disección de su abdomen nos descubre los órganos
que forman el aparato digestivo, excretor, respiratorio
y el corazón. Aparece la vejiga natatoria que es un
órgano en forma de saco que permite al pez, mediante una
mezcla de gases, mantenerse a un nivel determinado en el
agua. En la zona craneal, protegido por el hueso frontal,
podemos descubrir su pequeño cerebro.
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