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INTRODUCCION AL CULTIVO DE LAS PLANTAS
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Un acuario con una vegetación frondosa y exuberante atrae de tal forma
la atención que llega a eclipsar la belleza de los elegantes peces que lo
pueblan.
El acuario de agua dulce ha experimentado un gran desarrollo en los últimos
tiempos, sobre todo en cuanto a equipamiento; y quizá también, en el aumento
de las importaciones de nuevas variedades de peces exóticos. En cambio,
el cuidado y cultivo de las plantas que lo van a adornar y equilibrar sigue
siendo uno de esos aspectos olvidados pero continuamente de actualidad.
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La gran mayoría de los aficionados siguen fracasando en sus intentos de
mantener una buena plantación, llegando a crearse un ambiente generalizado
sobre la imposibilidad de mantener una vegetación abundante y sana de
forma permanente. Este concepto, del todo erróneo, es el resultado de
una falta de información y de disposición inicial cuando nos decidimos
por instalar por primera vez un acuario tropical.
Velocidad de crecimiento:
La primera particularidad que debemos tener en consideración cuando
vamos a adquirir las plantas destinadas a nuestro acuario es la velocidad
de crecimiento que van a manifestar. Esta confiere a la planta a la vez
ventajas e inconvenientes.
Ventajas de un crecimiento lento:
- Permite la realización de una decoración vegetal estable y uniforme.
- Esta lentitud añadida a la talla de la planta puede ser destinada más
especialmente al arreglo de primeros planos.
Ventajas de un crecimiento rápido:
- La planta no estará expuesta al desarrollo de algas sobre las hojas,
sobre todo de aquellas que se encuentran en primer plano.
- La comercialización de estas plantas es más habitual y son fáciles de
encontrar en los establecimientos especializados.
El suelo:
La mayor parte de las plantas piden sustratos muy ricos en elementos
nutritivos (de origen mineral u orgánico), la Aráceas, por ejemplo.
Sólo un pequeño grupo, como las Anubias, son poco exigentes en este
aspecto. Para tener un indicio preliminar de que plantas son más
exigentes en cuanto al sustrato podemos observar su aparato radical. La
morfología de las raíces nos van a indicar si la planta puede desarrollarse
en un suelo pobre o no. Las plantas que presentan rizomas (tallos enraizados
subterráneos) o abundancia de raíces fuera del suelo, pueden crecer bien
en suelos pobres de sustancias nutritivas.
Aunque no existe la panacea en cuanto al sustrato ideal, si se puede
establecer la composición de un suelo compatible con el cultivo
simultáneo de plantas exigentes y de plantas sobrias.
Este tipo de suelo estará constituido:
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De un elemento volumétrico que ocupe alrededor de un 70% de la masa total.
Su textura no será ni demasiado suelta ni demasiado compacta. Su
granulometría corresponderá de 1,4 a 2 mm. El elemento ideal que encontramos
es la arena de cuarcita.
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De un elemento nutritivo que ocupará alrededor de un 15% de la masa total.
Constituido por materias de humus. El mantillo vegetal, la vieja turba del
filtro, etc. pueden ser materiales convenientes.
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De un elemento regulador que ocupe alrededor de un 10% de la masa total. La
arcilla es un material muy aceptable.
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De un elemento tampón ocupando alrededor de un 5% de la masa total. La
creta blanca conviene perfectamente para esta función.
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De un elemento protector y neutro que forme una capa de un espesor de unos
2 cm. y que recubrirá el compuesto. Esta capa protectora estará constituida
por cuarcita o basalto triturado de una calibre aproximado de unos 2 mm.
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El agua:
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La naturaleza química del agua no es una de las condiciones más importantes
para el cultivo de las plantas acuáticas. La mayoría de las plantas
(exceptuando las propias de aguas muy mineralizadas) crecen bien en aguas
con una dureza media y una ligera tendencia a la acidez.
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La iluminación:
Es difícil dominar los procesos fotomorfogenéticos en el caso de las
plantas (sobre todo en el caso de las algas que pueden recubrir sus hojas).
Este proceso es muy complejo sobre todo porque entran en juego los
espectros de asimilación clorofílica, que aunque son reproducidos de forma
bastante aproximada por tubos y lámparas actuales todavía es un problema
sin resolver de un modo adecuado. Para conseguir una buena iluminación
del acuario se debe jugar con la intensidad y la duración del período de
iluminación antes de aconsejar tal o cual longitud de onda, valores que
cambian por otra parte de una marca a otra de tubos. Los más aconsejables
actualmente son los de tipo espectro total, aunque es muy aconsejable
mezclarlos con otros tipos para mejorar la calidad de la iluminación en
su conjunto. El periodo de luz debe ser de 11 a 12 horas y la potencia
aconsejable de 0,5 W por litro de agua.
La temperatura:
La temperatura es un factor limitante que juega un papel importante en el
crecimiento de la planta. Un gran número de procesos físico-químicos
participan en el metabolismo y en la formación de la estructura vegetal.
Cuando la temperatura sobrepasa los umbrales adecuados el desarrollo
de la planta se detiene. La temperatura debe oscilar entre los 23 ºC a 25 ºC.
para casi todas las plantas del acuario tropical.
Multiplicación:
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Multiplicación sexual:
Este tipo de multiplicación se produce a partir del momento en que la planta
presenta alguna inflorescencia. Cuando las flores se abren se puede realizar
la polinización artificial con la ayuda de un pequeño pincel. Si pasamos
alternativamente el pincel de una inflorescencia a otra la fecundación de las
flores estará garantizada.
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No obstante, en la mayoría de las plantas cultivadas en acuaterrario la
obtención de semillas fértiles suele ser muy difícil. La Aráceas o las
Anubias son casi imposibles de obtener. La familia de las Aponogetonáceas
(Aponogeton crispus en particular) se prestan muy bien a la polinización
artificial con un máximo de casos de fertilización.
Multiplicación vegetativa:
La multiplicación vegetativa es más fácil de conseguir en acuicultura. Se
realiza a partir de un rizoma o de un tallo rastrero.
Para multiplicar las plantas a partir de un rizoma es suficiente cortar
radicalmente en el intervalo situado entre dos plantas hijas, con una hoja
de afeitar, por ejemplo. Cada planta hija con su fragmento de rizoma se
puede plantar en un suelo rico en nutrientes.
Para multiplicar las plantas a partir de un tallo rastrero, el procedimiento
es más delicado. Se podría realizar del mismo modo que en el caso del
rizoma pero se correría el riesgo de una excesiva perdida de jugos
metabólicos de la planta a través del tallo seccionado. Además, la distancia
entre las plántulas es menor y esto nos obliga a una mayor precisión a la hora
de elegir los sitios por donde separarlas. Lo más indicado es el uso de
pequeñas pinzas de electricista que van a macerar la separación entre las
pequeñas plantas dando lugar al pudrimiento del tejido en los sitios
pinzados. Después de esto se pueden separar sin correr el riesgo de
una perdida de jugos metabólicos.
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