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CARACOLES EN EL ACUARIO
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Juan José Montes Hernández (SAMSA) |
Madrid, España. |
En numerosas ocasiones, todos los que dedicamos una o gran parte de nuestro tiempo a mantener acuarios de agua dulce, hemos sufrido la perniciosa acción de algunas especies de caracoles que, en su mayoría, se caracterizan por su proverbial glotonería a la hora de engullir las plantas que tan necesarias son para cumplir a la perfección el ciclo del nitrógeno. Ellas proporcionan oxígeno a los peces que mantenemos y belleza a nuestro entorno a cambio de una pequeña dosis de CO2 y una correcta iluminación.
No todas las especies son perjudiciales; las hay, incluso, muy beneficiosas para nuestro acuario. Se trata, pues, de discernir entre las más comunes su posible utilidad y convenir los métodos más efectivos para evitar la introducción de las dañinas o, si ya no es posible, su reproducción como plaga.

"Pomacea Bridgesii" (Variante Marrón)
(La concha de este ejemplar llegó a alcanzar,
en un estanque dedicado a caracoles, los 7 cm. de longitud,
lo que quiere decir que su cuerpo llegó a medir unos ¡15 cm.! de un extremo a otro)
Métodos preventivos clásicos:
Nunca se debe introducir el agua de la bolsa en que nos suministran peces y plantas en nuestro propio acuario. No sólo podremos eludir el peligro latente de las enfermedades que pudieran existir en el tanque de orígen sino que, además, en lo que concierne a los caracoles, evitaremos que alguno pueda "colarse por la puerta trasera". Tras el conocido proceso de aclimatación de los animales, han de ser extraídos con una redecilla de las que podemos adquirir en tiendas especializadas. Además, se debe tener en cuenta que los caracoles también proliferan por tener el agua en malas condiciones. Gustan de aguas muy alcalinas o duras y bastante ácidas, algo nefasto para los peces. En aguas adecuadas sus conchas se disuelven hasta desaparecer por completo.
Las plantas han de ser lavadas cuidadosamente no sólo para eliminar los caracoles perjudiciales que, quizás, lleven adheridos. El peligro reside en las masas gelatinosas que conforman la puesta de un caracol del tipo "Lymnea", el famoso caracol negro, que después explicaré. Para identificar estos huevos, simplemente debemos localizar unas pequeñas gotas, parecidas a las del rocío, entre las hojas. Se pueden eliminar de una forma sencilla. Tan sólo tendremos que añadir unas gotas de vinagre al agua que usaremos para el lavado. Preferiblemente, sugiero que ese agua se obtenga del propio acuario para evitar cambios bruscos de temperatura y la acción dañina del cloro. También las plantas son sensibles a dichos cambios.
Pero, si a pesar de nuestro celo, descubrimos un día que nuestro acuario se ha convertido en el hogar de muchos caracoles, deberemos proceder de la siguiente forma:

"Lymnea stagnalis"
Ante todo debemos tratar de identificar la especie a la que pertenecen. Si sus conchas son ovoides y de color obscuro, casi negro, nos hallaremos ante el "Lymnea stagnalis", un animal muy conocido por todos los acuariófilos y que puede constituirse en un serio problema puesto que pasa el día devorando plantas sin piedad y se reproduce a una velocidad increíble. Esta especie, cuyos individuos pueden llegar a medir 9 mm., ha de ser eliminada lo antes posible. (Más abajo explico los métodos para hacerlo).

"Melanoides tuberculata"
Si, por el contrario, sus conchas tienen forma espiral, a semejanza de las caracolas, y se ven teñidas de tonalidades blanquecinas o grisáceas, nos habremos topado con el famoso "Caracol Malasio" ("Melanoides tuberculata"). Esta especie, si se mantiene en bajo número, no representará un problema. Incluso resultará beneficiosa a la hora de eliminar algas, restos alimenticios y detritus. Son considerados como la especie más resistente de entre todos los caracoles. Es un animal de hábitos nocturno que durante el día permanece enterrado bajo el substrato. De esta forma, lo limpia y airea. En gran número es posible que tenga que alimentarse de nuestras plantas por falta de otro alimento; se reproduce muy rápidamente puesto que es vivíparo.
Para las funciones de limpieza es recomendable introducir otros animales "limpia-fondos", como puedan ser las "Coridoras" (muy rápidas), las "Ranas Africanas", las "Gambas de Color", etc., siempre y cuando se estudie antes su compatibilidad con las especies que se ya se mantienen, algo aconsejable para cualquier nuevo animal que quiera añadirse al acuario aunque no sea como limpiador. Al devorar los restos nutricios eliminarán la principal fuente de alimentación de los caracoles.

"Tropidiscus planorbis"
Si se desea mantener caracoles en un acuario comunitario bien plantado, al estilo holandés, aconsejo introducir el "Tropidiscus planorbis", un caracol rojo oscuro que no alcanzará más allá de 5 mm. de longitud y que respetará las plantas. También resulta muy útil devorando detritus y desechos del fondo.

"Pomacea bridgesii"
(Variante dorada)
El resto de las especies más habituales en los acuarios, especialmente las pertenecientes a la familia "Ampullaridae", como pueden ser los "Caracoles Manzana o Misteriosos" ("Pomacea bridgesii"), de colorido muy vistoso, es preferible que sean mantenidos en tanques exclusivos para ellos. Su reproducción es considerada como "no hermafrodita" (sexos separados), por lo que es necesario la concurrencia de ambos sexos para lograrla con éxito. Esta familia, cuyos individuos pueden alcanzar grandes dimensiones (hasta 16 cm.), logra extenderse con facilidad en medios semiacuáticos debido a la combinación de dos tipos de respiración: la acuática, realizada a través de unas branquias parecidas a las de los peces, y la terrestre, por medio de un tubo situado en su costado que proyectan por encima de la superficie del agua. En libertad se constituyen como tremendas plagas contra las que los agricultores difícilmente pueden luchar. Muchas veces se transportan erróneamente en cargamentos procedentes de Sudamérica y América Central a las islas Hawaii desde donde consiguen extenderse a otros estados norteamericanos de la zona tropical. De esta forma colonizan todo el trópico. Es más: en Asia son considerados como una auténtica invasión.
El Pomacea bridgesii, normalmente ignora las plantas acuáticas (a no ser que estén cubiertas por algas), dedicándose casi en exclusiva a comer algas y restos de comida.
Otras especies de caracol manzana (Pomacea paludosa y Pomacea canaliculata) sí comen vegetales, pero difícilmente se encuentran a la venta en las tiendas, aunque no está de más saberlo.

"Pomacea Bridgesii" (Corte transversal)
Métodos de eliminación de plagas:
Existen tres tipos: el químico, el biológico y el mecánico.
El primero, basado en la introducción de preparados venenosos que comercializan varias marcas muy conocidas, lo rechazo tajantemente pues es muy agresivo con los peces y las propias plantas. Así mismo, los restos de caracoles muertos supondrán una gran fuente de contaminación. También, y como remedio casero, se utiliza el Sulfato de Cobre, el Permanganato Potásico, en solución débil, sobre todo para el lavado de las plantas (10 mg. por litro durante diez minutos), el "Alum, S.P.", etc., pero con los mismos resultados. Además, este tipo de tratamientos obliga, una vez finalizado, a realizar una limpieza total de todos los elementos, ya sean adornos o aparatos, y del propio tanque, así como cambiar la gravilla, introducir nuevas plantas y muchas otras cosas de las que terminan por hacernos detestar la acuariofilia.
El segundo, de orígen natural, consiste en la introducción de animales cuya base alimenticia la constituya, precisamente, los caracoles. Es el método del que mejores resultados se obtiene, sobre todo en combinación con el tercero, y no daña a los habitantes de nuestros acuarios.

"Chromobotia macracantha"
El pez más aconsejable para estas tareas es el llamado "Botia Payaso" ("Chromobotia macracantha"), un "Cobitidae" originario de Sumatra y Borneo especializado en devorar los huevos de caracol y sus ejemplares juveniles. Es muy pacífico, por lo que resulta perfectamente compatible con la gran mayoría de las especies. Además, su longevidad se estima en unos veintidós años por lo que tendremos un buen aliado contra los caracoles por muchos años. También resulta bastante útil a la hora de limpiar el substrato de restos alimenticios y animales muertos. Y, por encima de todo, no es un animal fitófago; respetará nuestras plantas. Su único inconveniente estriba en el tamaño que puede lograr alcanzar: entre treinta y treinta y cinco centímetros.
El tercero de los métodos, el mecánico, consiste en realizar un sifonado del suelo o extraer los caracoles a mano. Esto último se puede lograr de dos formas: enterrando por las noches una hoja de lechuga en la gravilla de tal forma que parte de ella quede a la vista y así poder conseguir que, a la mañana siguiente, los caracoles hayan formado una piña sobre su superficie, con lo cual sólo nos restará retirarla para acabar con muchos individuos o, sencilllamente, introduciendo la mano para extraer los caracoles que haya a la vista. Este último método no es aconsejable, obviamente. Lo que sí podemos hacer es ir aplastando los que tengamos más a mano. Los Botia se encargarán de hacer desaparecer sus restos. Al final, los individuos adultos no podrán reproducirse porque, a pesar de poseer ambos sexos, necesitan de dos ejemplares para realizar la cópula.
Si actuamos en ese sentido llegará un momento, no muy lejano, en que los caracoles terminen por sucumbir totalmente. Nuestras plantas nos lo agradecerán y, por ende, también nuestros peces.
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