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LA HIBERNACIÓN DE LAS TORTUGAS
Juan José Montes (SAMSA) Madrid, España.


Las tortugas aparecieron, según todos los indicios, a principios del período Triásico, hace ya unos 245 millones de años aproximadamente. ¿Por qué escribo ésto? Símplemente porque creo que no debemos destruir en nuestra corta vida una obra que a la naturaleza le ha costado tanto tiempo crear. Es por eso que me propuse redactar este artículo. La hibernación, la gran desconocida entre los aficionados neófitos, se constituye como el período más delicado en la vida de las tortugas y si no se toman las precauciones necesarias, nuestra mascota podría morir fácilmente.

¿Hibernan todas las tortugas?

No todas las tortugas lo necesitan debido a los pocos cambios climáticos que se desarrollan en su hábitat de origen. Los reptiles tropicales nunca deben ser preparados para la hibernación sino que ha de adaptarse el acuario a las condiciones de su entorno natural para que se sumerjan en ese estado semiletárgico que les caracteriza en los meses menos calurosos, estado que no les impedirá seguir cazando y comiendo. Redfoots, Yellowfoots, Sulcatas, Leopardos, Elongatas, Chacos, Tortugas Madera sudamericanas y especies africanas formarían parte de este grupo. Todas estas especies necesitan de un acuaterrario en el que apenas existan fluctuaciones de temperatura.

El resto de las tortugas, más habituales entre los aficionados a esta rama de la herpetología, sí hibernan y pueden hacerlo durante un período de entre tres a ocho meses, aunque lo habitual es que lo hagan durante unos cuatro meses aproximadamente. Si no se toman las precauciones necesarias, el animal puede morir con facilidad durante este período.

Algunas tortugas descansan, también, durante un periodo de dos a tres semanas en la época estival, aunque no supone un peligro como la hibernación. Incluso llegan a cazar y pescar en esta situación.

¿Es imprescindible la hibernación?

Sobre este aspecto no hay nada claro, aunque yo soy partidario de apuntarme al curso que la propia naturaleza sigue, siempre y cuando se haga de forma natural, valga la redundancia. Nunca se debe obligar a hibernar a una tortuga. Lo que sí resulta obvio es que en algunos lugares resulta imposible practicarla porque las temperaturas nunca descienden por debajo de los 10º C. En esos casos, y si se tiene mucho interés, se puede adquirir un refrigerador para el agua (demasiado costoso) o aplicar algún tipo de aire acondicionado que baje la temperatura hasta la medida necesaria. (No lo aconsejo: el animal puede sobrevivir perfectamente sin necesidad de hibernar).

En el caso de los ejemplares juveniles esta operación resulta aún más arriesgada; se debe intentar durante cuatro o seis semanas y sólo si dan muestras de querer sumergirse en ese estado.

Cómo saber si una tortuga quiere hibernar:

Por lo general, darán muestras de una actividad excesiva y se volverán más voraces durante las últimas semanas de Septiembre y las primeras de Octubre, época previa a este período de letargo. Es una muestra de la necesidad de almacenar reservas para la temporada de frío. También, comenzarán a excavar aquí y allá en busca de un refugio seguro para esas estaciones. Las tortugas acuáticas, que hibernan en el lecho del río o del lago, escarbarán la gravilla constantemente. Habrá que disponer una buena cantidad de este material para que puedan enterrarse completamente. Las terrestres, en cambio, buscarán refugio en la superficie.


Una especie acuática: la Tortuga Pintada (Chrysemys Picta)


Cómo prepararlas:

Estos reptiles comienzan a aletargarse a una temperatura de unos 15 ºC aproximadamente pero a los 10 ºC hibernan por completo. Antes de que llegue la temporada de frío (a partir de la última semana de Octubre y según el lugar), habrá que suministrar al reptil cantidades extra de Vitamina A, puesto que durante el letargo la consume en grandes cantidades. (Mejor consultar con el veterinario como administrársela puesto que suele ser inyectable).

¡Muy importante!: no adaptar a la hibernación a animales con síntomas de adelgazamiento, lo que quiere decir que no se han alimentado lo suficiente y no tienen la reserva vitamínica necesaria -en este apartado me centraré más adelante debido a su importancia-, síntomas de enfermedades o que se estén recobrando de una: no sobrevivirían. Han de encontrarse en perfectas condiciones para afrontar esta empresa con éxito puesto que su sistema inmunológico no funciona durante estos períodos y están a merced de cualquier tipo de infección. Además, el volumen de su sangre se reduce como consecuencia de las enfermedades, lo que se traduce en una menor proporción de oxígeno, vital para la hibernación. Un tratamiento antibiótico recetado por el veterinario es aconsejable.

Si un animal muestra síntomas de adelgazamiento se le deberá cambiar la dieta de forma radical: unas rodajas de tomate o zanahoria y un poco de carne cruda le proporcionará los nutrientes necesarios. Después, seguramente vuelva a su dieta habitual.

Si, a pesar de todo, sigue sin comer, un baño salino al 0,06% con el nivel del agua hasta su boca, hará que equilibre su nivel de sodio y fluidos cuando haya bebido lo suficiente.

En cuanto a la alimentación, por lo menos diez días antes del comienzo de este período debe ser suprimida totalmente en las tortugas omnívoras para que sea digerida en su totalidad la que permanezca en el tracto digestivo pues, en otro caso, se pudriría en su interior causando numerosas infecciones de las que no podría defenderse debido a lo que anteriormente expliqué.

Así mismo, no deberán poseer en su interior restos fecales. Si el animal no ha conseguido defecar, se le debe obligar a hacerlo.

Si queremos que una tortuga defeque, podemos sumergirla en un baño de agua a 30º C; no tardará en hacerlo. La cabeza ha de estar constantemente fuera del agua en todo este proceso.

Las tortugas semiacuáticas pueden hibernar perfectamente en el acuario si se les habilita un refugio en su interior a la altura de la superficie del agua. Así conservarán la humedad y temperatura necesaria. En relación a las acuáticas, ya he comentado su necesidad de hacerlo en el fondo, dentro de la grava. En este caso se hace necesario vigilar con cierta periodicidad la aparición de llagas y hongos.

Las terrestres y semiterrestres pueden ser acomadas en cajas individuales de madera revestidas en su interior por paja y papel de periódico para mantener una temperatura constante y algo de grava (llegan a defecar incluso en este período). Esta caja agujereada para permitir la entrada de oxígeno, tendrá que estar provista de un termómetro que nos indique en todo momento las fluctuaciones de temperatura que se suceden en el interior. Puede ser colocada en un lugar protegido en el que no haya variaciones extremas de temperatura (un garaje, un trastero, etc.). Cubrirla con una tela metálica para evitar la entrada de ratas nunca está demás. Se deberá vigilar constamente los cambios de temperatura (para evitar su congelación) y la humedad de la mucosa (a través de cuyas células recogen el oxígeno en zonas como el cuello y la cloaca). Si la mucosa no está húmeda o ha bajado mucho la temperatura, se devolverá el animal al acuario durante un par de horas hasta equilibrar ambos parámetros. Luego, podrá ser introducido de nuevo en la caja.

Y, después, ¿qué?

Concluido este período de letargo, llevad vuestro animal al veterinario para comprobar su estado de salud, al menos la primera vez que paséis por esta experiencia, aunque es conveniente hacerlo siempre. Seguramente necesite unas cuantas dosis de calcio y fósforo, además de una ración extra de vitaminas.



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