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Dr. Pez - Colaboraciones

MACROPODUS OPERCULARIS
José Tomás Ayala García Algeciras, Cádiz, España.


Cría del pez paraíso

El Macropodus opercularis es uno de esos 'falsos peces tropicales'. Aunque, por ser un pez muy duro y resistente soporta bien las temperaturas más altas, propias de los trópicos, es mucho más feliz a temperaturas de zonas más templadas, 15ºC a 21ºC, aunque se sabe que sin demasiado problema llega a temperaturas tan bajas como los 10ºC por abajo y los 32ºC por arriba. Eso sí, por períodos de tiempo no demasiado largos, pues la salud del pez se puede ver afectada. Desgraciadamente, la mayor parte de ellos se mantienen en acuarios comunitarios alrededor de 25 ó 26ºC. En regiones templadas se puede tener en un acuario sin calentador. Evidentemente, esto dependerá de cuánto bajen las temperaturas en la zona. Sus requisitos de acidez del agua son amplios; entre 6 y 8 de pH, pueden alcanzar hasta 10 cm. de longitud y son realmente hermosos.

El Macropodus es un laberíntido, de la misma familia que los Bettas, los guramis y las colisas, por poner algunos ejemplos. Esto hace que pueda respirar aire atmosférico, gracias al laberinto, un órgano situado en la parte superior de la cabeza del pez que permite el intercambio de aire consumido por aire fresco, cuando el pez se asoma a la superficie.

Tiene el pez paraíso mala fama para compartir acuario con otros peces; esto se debe a dos factores. El primero es que, al ser el primer pez 'tropical' importado a Europa en el siglo XIX, compartía habitáculo con los pobre peces rojos de toda la vida. Evidentemente, en comparación con ellos, el macropodus resultaba una auténtica fiera. El segundo factor es que realmente tiene un poco de mal carácter. Esto no lo hace peor, por ejemplo, que el pez ángel (Pterophyllum scalare), pero sí hay que tener en cuenta con quién se junta este hermoso pez.

En la práctica, hacen una vida bastante sociable con otros compañeros de acuario, pero mantienen su territorio bien defendido, sobre todo en época de celo y en presencia de alguna hembra de su especie (o de otra parecida). Es muy probable que no se lleve nada bien con otros laberíntidos, como Bettas o guramis, entre otras cosas porque la similitud con estos 'primos lejanos' parece que sea escasa y que resulten ser primos 'cercanos'; de hecho se han dado casos de apareamientos entre machos de B. splendens y hembras de M. opercularis y viceversa; pero desconozco el resultado de tales apareamientos.

Lo importante es que pueden ver a una hembra de la otra especie como una posible pareja propia, y por lo tanto a cualquier macho de esas otras especies como posible contrincante. Entre los machos de la misma especie hay una rivalidad que algunos juzgan no demasiado lejana a la de los machos de B. splendens cuya belicosidad es proverbial, sobre todo si solamente hay dos machos en el acuario. Si hay muchos, las peleas serán menores, pues se limitarán a establecer un orden jerárquico que raras veces se verá contestado y resuelto con una corta pelea. Si se han criado juntos y no se han separado, las peleas entre machos son menos frecuentes aún.

La cría del pez paraíso es prácticamente idéntica a la de la mayoría de los laberíntidos-anabantoides. Forman un nido de burbujas en el que depositarán los huevos. En esta especie los huevos no flotan, por lo que es el macho el que los debe recoger y ponerlos en el nido. Esto explica que lo idóneo para la cría sea un acuario con fondo limpio y sin grava ni cubrimiento alguno. En general, este pez rechaza las cubiertas que se suelen utilizar para criar los B. splendens , pero prefiere una hoja grande o bien hacer el nido directamente en la superficie contra una de las paredes o aprovechar algunas plantas flotantes que se hayan puesto a este efecto, y que, además, servirán a las crías para refugiarse, si bien el macho suele ser muy tolerante con ellas y no suele comérselas.

El procedimiento para la cría podría ser el siguiente: Se selecciona un macho que en el acuario comunitario (si no se tiene aislado) haya elegido un sitio y empezado a construir su nido. Si la hembra está lista para criar, se observará que ha engordado con los huevos y que su color, normalmente mucho más pálido que el del macho, ha adquirido tonalidades más brillantes. La introducción al acuario de cría debe ser en este orden, preferiblemente; primero el macho, que se familiarice con el nuevo entorno y elija su sitio, y luego la hembra. La temperatura del agua debe rondar los 25ºC, y la profundidad de unos 15 cm. Las dosis de agresividad en el apareamiento de esta especie son mucho menores que en otros peces de la misma familia. Durante el apareamiento, el macho se 'enrosca' alrededor del cuerpo de la hembra que irá soltando huevos a la vez que él los fecunda y los recoge del fondo o mientras van cayendo. Conforme los recoge en la boca, los coloca en el nido con burbujas que pasan a formar parte del nido.

Una vez que ha terminado el apareamiento y la hembra se ha alejado del nido, conviene retirarla pues el macho la puede atacar con bastante violencia. Los huevos nacen al cabo de unas 24 horas y el macho seguirá cuidando de los recién nacidos y volviéndolos a poner en el nido conforme vayan cayendo. Cuando todas las crías puedan nadar libremente, conviene retirar al macho también. Esto suele suceder al cabo de unos 3 ó 4 días de eclosionados los huevos.

Como primer alimento para la cría, lo idóneo es utilizar infusorios. Si se han mantenido plantas en el acuario, lo más probable es que haya abundancia de infusorios en el agua, aunque añadir un poco no es mala idea. Es también muy útil la yema de huevo cocido que se administrará deshecha en agua hasta que no haya grumos y que se administra en unas pocas gotas. La yema de huevos es un alimento excelente, pero con un grave problema; deja el agua sucísima y conviene limpiarla a diario. Otra opción es utilizar Artemia salina recién nacida, pues la mayoría de los pequeños serán capaces de comer este alimento. La Artemia no ensucia el agua tanto como la yema de huevo, pero también conviene limpiarla con frecuencia. Cuando los pececillos vayan creciendo, se puede administrar alimento en escamas para crías y más adelante escamas de tamaño normal e incluso Artemia crecida. Se puede utilizar este mismo alimento congelado, así como tubifex u otros congelados. No se debe pasar a alimentos de tamaño considerable hasta que la cría tenga, por lo menos 1 cm. ó 1,5 cm. de longitud.

Para un crecimiento rápido y sano, lo idóneo (y creo que no existe substituto válido) es el alimento vivo. Además, el agua limpia; mientras más frecuencia en la limpieza del agua, mejor, pero no conviene más de un cambio al día y siempre manteniendo la temperatura del acuario. Estos dos factores los considero vitales para un buen desarrollo de unos pequeños saludables.

Si vamos a intentar la cría, es posible que las primeras veces no tengamos éxito, pero hay que insistir, como todo en acuariofilia requiere paciencia. Al final nos veremos recompensados con un gran número de hermosos peces de gran resistencia.




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